Los caminos espirituales más antiguos se fundaron sobre la premisa de que incluso las vidas más bendecidas y espléndidas están amenazadas por las pérdidas, la enfermedad, la vejez y la muerte. Veían que la satisfacción convencional es pasajera, sin importar lo buena que pueda ser tu vida, pues esos momentos de satisfacción pasan.
Algunas de esas filosofías han aconsejado tradicionalmente olvidarse completamente de buscar ciertos placeres. No soy de la misma opinión. Creo que aunque vayamos a morir, cuidar la salud mientras tanto es una buena idea y disfrutar de lo que nos llega también. Pienso que se puede decir SÍ a la vida y despertar a lo que trasciende la muerte, siendo muy consciente de que todas las satisfacciones se disolverán eventualmente.
Nos podemos comprometer con intentar buscar la felicidad, cultivar relaciones profundas y tener éxito en lo que nos propongamos (es decir intentar llevar vidas plenas) y soltarlo todo sabiendo que es inevitable perderlo todo al final. Esa es la paradoja de la vida. Y también la lección que tenemos que aprender: saber esforzarse y rendirse según el momento para fluir con la vida.

Guía espiritual y autora de 11 libros de desarrollo personal y espiritual.
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