A veces los lectores de mis libros me escriben para hacerme todo tipo de preguntas y pedirme consejo sobre los temas más variados. Me resulta difícil poder contestar a todos con unas respuestas largas e individualizadas. Además, creo que muchas de esas inquietudes son comunes para muchas personas; Por lo que, en la medida de lo posible, intentaré ir contestando a algunas de ellas en este blog, y así más personas puedan leerlo y quizás les sea de utilidad.
La pregunta que una lectora y madre de dos hijos me hizo fue la siguiente: «Mónica, tu hablas mucho de la importancia del desapego, pero ¿cómo haces para desapegarte si quieres a tus hijos?
Primero hemos de comprender que el desapego no es equivalente a la frialdad ni a la indiferencia, sólo significa soltar la necesidad y la dependencia. Podemos por lo tanto amar de verdad, y desapegarnos de la persona que amamos. De hecho éste es el camino de los seres más evolucionados, es el único que lleva al amor incondicional. El resto son edulcorantes.
Todos los padres cariñosos aman a sus hijos y se preocupan por ellos hasta el final de sus días. El problema aparece cuando muchos viven sus vidas a través de ellos y de lo que les ocurre. Por eso lo mejor es ser capaz de encontrar un equilibrio. Ser afectuoso y asegurarles el apoyo en cualquier circunstancia, pero sin permitir que aquello que les pase se convierta en el foco total de tu vida. Porque sino se cae en el error de tomar la responsabilidad por ellos, y se les puede robar su libre albedrío sin darnos cuenta.
Lo mejor que un padre y una madre pueden hacer por sus hijos es amarles y apoyarles incondicionalmente durante toda la vida. Estar ahí para ellos, pero sin vivir su vida por ellos.

Guía espiritual y autora de 11 libros de desarrollo personal y espiritual.
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