El otro día hablaba de cómo la educación recibida por los jóvenes no les prepara para entrar en el mercado laboral ni adaptarse a las circunstancias bien movidas actuales, ni tampoco para la vida y sus retos. Es por ello que creo necesario escribir unas palabras sobre la educación y lo que en mi humilde opinión, deberíamos cambiar.
Tenemos que modernizar el sistema español para promover la curiosidad intelectual, la capacidad reflexiva y analítica del alumno y la reflexión. Y además hay que dar mucha más importancia a asignaturas que hoy en día no la tienen (ni la tenían cuando nosotros estudiábamos tampoco, las solíamos llamar las marías). Es decir, las materias artísticas, plásticas y el ejercicio físico. Hay que potenciar el desarrollo del ser humano en su conjunto, no fabricar chicos que repiten como papagayos lo que se les enseña a memorizar y que no están preparados para la vida de verdad ni las enseñamos cómo ser felices, que es al fin y al cabo a lo que todos aspiramos.
Es importante que incluyamos alguna clase de gestión de las emociones y de relajación. Los niños han de aprender a identificar sus emociones, saber motivarse, promover el espíritu de colaboración, fomentar sus emociones positivas, aprender a relajarse para no sufrir de estrés y ansiedad, y ser capaces de aumentar su concentración.
Y por último, todo esto sin olvidar una educación en valores —que por supuesto ha de crecer en las familias—, y ser extendida en los colegios, si no queremos crear monstruitos y perpetuar una sociedad egoísta que cree que esto es una jungla donde sólo sobrevive el más fuerte y el más manipulador.

Guía espiritual y autora de 11 libros de desarrollo personal y espiritual.
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