Demasiado a menudo esperamos buenos líderes y jefes que sean un cúmulo de virtudes, sepan entendernos y logren sacar lo mejor que llevamos dentro. Pero, ¿qué ocurre cuándo eso no sucede?
Cuando no contamos con un jefe así, tenemos que buscar nuestra propia motivación para intentar que el trabajo no sea una maldición por la que tenemos que pasar para cobrar un salario a fin de mes, sino que podamos aprovecharlo para aprender y desarrollarnos intentando hacer nuestro trabajo hoy mejor que ayer.
¿Qué otras cosas podemos llevar a cabo? ¿Qué perspectiva puede contribuir a no malgastar nuestra energía en el día a día, sino a focalizarla para poder ser creativos y mantener ilusión?
Unas cuantas, a mi parecer.
- Intentar seguir practicando las habilidades buscando la excelencia porque sí, no porque nadie lo vaya a ver y esperando ser premiado por ello.
- Mostrando integridad y manteniendo la palabra dada, sin buscar escaquearse ni colgarse medallas ajenas (ni propias – si te las tienen que poner, que sean los demás).
- Cooperando con los compañeros, no compitiendo contra ellos por tratar de sobresalir a costa de cualquier cosa.
- Tratar de buscar (y proponer) soluciones en lugar de ser parte del problema.
- Buscar superarse en algo cada semana.
- Mantener una actitud optimista bajo cualquier circunstancia.
¿Qué opináis?

Guía espiritual y autora de 11 libros de desarrollo personal y espiritual.
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