Tras unos días retirada del mundanal ruido diario, simplemente focalizada durante muchas horas al día en el viaje de la mente, llego a la conclusión —una vez más— que nuestro bienestar y nuestra liberación se halla en nuestra conciencia del presente y en dejar de aferrarnos a hechos pasados que tienden a atarnos permanentemente y a la anticipación del futuro que nos roba tanta energía.
Lo que más nos duele es la diferencia entre lo que deseo que estuviera ocurriendo ahora y la realidad del momento. Y lo peor es que ese deseo de que las cosas fueran de otra manera nos lleva a pelearnos con la realidad, a enfadarnos con lo que no nos gusta, a revelarnos ante los hechos molestos, a temer lo que nos pueda venir después… Creando toxinas en nuestro organismo, desasosiego en nuestra psique y tristeza en nuestra alma.
Y así desgastamos nuestras fuerzas, intentando controlar aquello que se nos escapa, agarrándonos a nuestras fantasías como tablas de salvación, estresándonos por hacer más cosas que nos puedan ayudar a olvidar los sentimientos desagradables que albergamos por no tener lo que merecemos y no estar donde nos gustaría llegar.
En realidad si aceptamos lo que la vida nos va trayendo en el presente, no necesitamos más estrategias de control. Son nuestros pensamientos de lucha, de aferramiento, de huída y de negación los que nos hacen hundirnos más en la miseria y el sufrimiento.
La libertad y la serenidad llegan cuando aceptamos, cuando agradecemos, cuando confiamos, cuando mantenemos la actitud de que todo está bien en el presente…

Guía espiritual y autora de 11 libros de desarrollo personal y espiritual.
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