Nadie nos ha enseñado que todo está relacionado, que nuestra mente influye en el cuerpo (y viceversa), que vibramos y sentimos con nuestro entorno, que nuestro estado de ánimo y nuestra actitud frente a la vida produce respuestas en nuestro organismo, siempre con la intención de ayudar a nuestra supervivencia y a nuestra alma a crecer.
El problema surge cuando el ritmo de vida actual, la alimentación poco sana, la falta de verdadero descanso, la desconexión con la naturaleza, el dolor proveniente de vínculos afectivos poco beneficiosos, el estrés proveniente de miedos, contrariedades, preocupaciones económicas, pérdidas afectivas, de la destrucción de nuestros sueños, etc exceden nuestra capacidad de aguante porque estamos debilitados o porque vamos acumulando o porque la situación es grave e imprevista…. Entonces los cambios en nuestro cuerpo pueden ser tan intensos que desencadenan una enfermedad, que no es sino la respuesta de nuestro cuerpo en un esfuerzo titánico por hacer frente a los shocks y buscar la sanación.
La enfermad desde este punto de vista no es el enemigo, sino el mensajero que nos pide que observemos nuestra vida y modifiquemos lo necesario para poder seguir caminando sanos y libres de sufrimiento.

Guía espiritual y autora de 11 libros de desarrollo personal y espiritual.
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