A menudo tenemos la tendencia de creer que el camino hacia el éxito está exento de fallos, caídas, errores y fracasos. Imaginamos que todo nos tiene que salir bien a la primera, que podemos empezar a lo grande y conseguirlo todo cuando queremos, cómo imaginamos, asegurándonos el apoyo de cercanos y el beneplácito de los demás y teniendo el público detrás aplaudiendo y animándonos.
Ojalá fuera así. En el mundo real las cosas no funcionan de esta manera, ni en periodos de bonanza económica siquiera, cuanto menos ahora. Decidir ser uno mismo, defender los proyectos propios y luchar por los sueños resulta un camino espinoso, con numerosos obstáculos que saltar.
No podemos contar con las seguridades que desearíamos (el cambio será una permanente en nuestra vida, así como la incertidumbre), no podremos culpar a nadie de nuestras dificultades (pues aceptamos la responsabilidad de liderar nuestras vidas), y a veces nos asediarán las dudas y el cuestionamiento.
El viaje sin embargo es el más maravilloso que puedas encontrar porque es el único que te da libertad, te alinea con la autenticidad, te enseña y te muestra las debilidades que has de trabajar, aumenta tu sabiduría con la experiencia y te llena de ilusión.
Elige jugar en lugar de sentarte a mirar el partido. Vive el presente e involúcrate antes de que sea demasiado tarde. Muéstrate como un espíritu tenaz e incansable al desaliento. No tomes el camino de menor resistencia… y al final conquistarás lo que te propongas, contento sobre todo de hacer lo que siempre has querido hacer.

Guía espiritual y autora de 11 libros de desarrollo personal y espiritual.
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