El juego del ego

6 de octubre de 2013Mónica Esgueva

Las tradiciones espirituales y religiosas orientales y los místicos cristianos nos lo han dicho durante siglos: somos seres espirituales cuya naturaleza esencial está constituida por la calma y la luminosidad infinitas. Pero, ¿cómo se puede reconciliar esta verdad con nuestra realidad cotidiana descolorida, con nuestras rutinas cansinas y repetitivas, con los interminables conflictos de relaciones, con nuestra hambre insaciable de riqueza y placeres e incluso con los actos gratuitos de violencia?

Pues se debe al hecho de que nos identificamos erróneamente con nuestro ego, con ese personaje que hemos creado al nacer y se va formando a través de la identificación con la repetición de patrones emocionales y con los patrones habituales de pensamientos, memorias y creencias, y desde ahí surge la personalidad individual.

Este mecanismo no sería un problema en si mismo si lo tomáramos como lo que es, un coordinador de nuestra parte física, mental y vital. El problema proviene de haber ascendido al ego de jefe de seguridad a director general de nuestra vida.

No puedo estar más de acuerdo cuando Claudio Naranjo dice, “el objetivo de nuestra vida es aprender a trascender nuestro ego”. En tanto en cuanto no seamos capaces de hacerlo, nos quedaremos atrapados en las banalidades, en la inercia, en los miedos y en la inconsciencia superficial que tanto sufrimiento acarrea, y seguiremos echando sal en nuestras heridas para intentar curarlas.

Mónica Esgueva

Guía espiritual y autora de 11 libros de desarrollo personal y espiritual.

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