Me resulta curioso observar cómo algunas personas y ciertos periodistas asumen que soy budista simplemente porque llevo años estudiando con los lamas. Es comprensible. Sin embargo, siempre que puedo aclaro que no soy ni budista ni religiosa, aunque a algunas personas les pese escucharlo.
Pienso que la razón es más profunda que la mitología y el dogma, y nos ha ayudado a liberarnos de las cadenas terrestres más que esperar a un cielo prometido y futuro.
No obstante, los humanos ―extremistas como somos― en la modernidad nos hemos anclado en el mundo de la forma y la manifestación física, en la cual no existen verdades más altas, no existe ninguna corriente ascendente, nada trascendental. Es más, cualquier atisbo de trascendentalidad es tachado de peligroso y nocivo.
Ahora es tiempo de buscar el equilibrio. No creo que los ascetas tengan razón al considerar que todo lo de esta tierra ha de ser traspasado porque distrae de la meta del nirvana (o cielo), ni tampoco comparto los postulados del materialismo científico al reducirnos a pura materia y reacciones químicas.
El énfasis ha de estar en buscar el equilibrio e integrar la corriente ascendente hacia la sabiduría y la descendente hacia la compasión.

Fundadora del Ascension Institute y autora de 10 libros de desarrollo personal y espiritual.
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