El viaje espiritual es fundamentalmente un viaje de autodescubrimiento. Su ímpetu y fuerza aparece tras el reconocimiento de que algo primordial está faltando en tu vida y entonces comienzas a dar pasos para encontrarlo.
De algún modo se empiezan a buscar signos y respuestas que nos lleven a encontrar las piezas que faltan en nuestro ser para sentirnos completos, para llenar esos vacíos e insatisfacciones que nada material puede colmar, ni siquiera otra persona, por mucho que nos ame.
La meditación es una manera muy comprobada a lo largo de muchos siglos que nos facilita emprender este viaje, ya que proporciona una experiencia directa de lo más esencial que somos, más allá de lo que tenemos, del personaje que presentamos al mundo y de nuestras propias vanidades. Y otra adicional consiste en leer las enseñanzas de otros más sabios que ya realizaron el viaje antes de nosotros y de alguna forma nos pueden guiar. El resto… ¡Es la aventura propia!
Y si me permitís, recuerdo una frase de mi último libro Mensajes para el alma que puede servir como brújula en este camino mágico: “Ser espiritual nada tiene que ver con aquello en lo que crees y tiene que ver todo con tu estado de conciencia”.

Guía espiritual y autora de 11 libros de desarrollo personal y espiritual.
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